sueño con mi padre que vive -nunca había muerto “en realidad”- y me preocupo por las reacciones que tendrá mi familia -la sorpresa, el pánico, el desconcierto, la emoción como un desgarro?- y le cuento el sueño a Simón, y él dice que a él peor: a los tres años su padre le negó un vaso de agua o azúcar, a pesar de que él rogaba, imploraba; no sé por qué ni cómo, pero esa experiencia, sin dudas, era terrible, porque antes ya lo había despreciado/abandonado,
y ahora esto!
Buenos Aires, 25 de noviembre de 2004